
Con ocasión de la Cumbre de Cophenague, en Colombia se debe desarrollar una amplia reflexión acerca del tratamiento que se da a los problemas ambientales y la acción de la corrupción. Por ejemplo, a las inmensas sumas de dinero que reciben las corporaciones regionales, cómo se les hace el control?, estarán siendo bien auditadas?, ¿Están teniendo efectividad?, ¿Cómo se comprueba que miles de millones de pesos que son destinadas a reforestación sean realmente invertidos en esta actividad, y no simplemente se entreguen informes con fotografías tomadas en sitios diferentes al contratado?
Si algo tan aparentemente controlable como AGRO INGRESO SEGURO, llegó a las condicione donde estamos, ¿Qué sucederá con los dineros destinados a bosques lejanos, a selvas, a zonas protegidas, donde no hay una circulación permanente que permita desmentir o aprobar las inversiones?
Son más de un billón doscientos mil millones de pesos. Sin embargo, día a día, se nota el deterioro ambiental.
Sólo la CARDER, una pequeña Corporación, la de Risaralda, maneja al año alrededor de $13.000.000 de pesos.
Las cifras de inversión deben traducirse en resultados y de lo contrario, debe investigarse lo que está sucediendo en estos sectores. No olvidemos que Colombia es altamente vulnerable a los impactos del cambio climático y, como señalan diversos estudios, con un aumento acelerado de la temperatura global del planeta sus efectos se sentirán en las esferas social, económica y ambiental.
Aunque Colombia no es uno de los responsables principales de haber causado el problema del cambio climático -su contribución llega a 0,2% del total de gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera- los datos de los impactos en nuestro país son alarmantes y respaldan lo anterior: la mitad del país se vería afectado negativamente debido a cambios en el patrón de precipitaciones (lluvias); la infraestructura turística de la Isla de San Andrés sufriría consecuencias negativas al desaparecer 17% de la misma; casi la totalidad de los nevados y glaciares desaparecerían completamente, así como el 75% de los páramos