El resurgimiento
de la espiritualidad, es en sí mismo un hecho indicativo de la
condición natural del hombre: su sentido de trascendencia; fenómeno
del cual ningún pueblo, en ningún momento de la historia
ha sido ajeno.
Pero dicho
"resurgimiento" es relativo a las condiciones en las cuales
se aborda. Por ejemplo, puede haber gran interès en sentir la
presencia de Dios en la vida de cada uno, o puede quererse manipular
a Dios empleando para ello todos los subterfugios posibles, es una especie
de nuevo artìculo de consumo que incluso se adecùa a las
concepciones individuales: Esta es la propuesta de la Nueva Era.
La diferencia
del cristianismo es la necesidad de fe, que conduzca al surgimiento
de seres Nuevos, transformados por la doctrina.
Estamos
en los siglos de un racionalismo cerrado, que coloca en el principal
lugar la inteligencia humana, por lo cual quien posa de cientìfico
permite que las tesis de objetividad le lleven a un aislamiento creciente
de Dios y Su Verdad. Por su parte, la ciencia pretendió dar cuenta
de la religiosidad,
a partir de su señalamiento básico de la demostración,
la tecnología pareció señalar cómo la creación
estaba en manos del hombre y, la sociedad de consumo se erigió
como el máximo de la satisfacción para todos los deseos
del ser humano. Incluso los ensayos socioeconómicos del comunismo
quisieron colocar al hombre como el “único artífice
de su propia historia”… No obstante, el ser humano sabe
que sin Dios es vacìo, porque quien cree en Dios tiene Alguien
en Quien creer, pero el que no cree en Dios cree en nada. Por eso hoy
la espiritualidad es reclamada por casi todos, ante el vacío
que dejan las propuestas modernas y la Nueva Era surgiò como
una propuesta muy apropiada para una sociedad consumista.
Y si es
reclamada por todos, es un fenómeno de masas al cual miran con
interés, no sólo los auténticos representantes
de la espiritualidad, sino también los grandes vendedores del
mundo. Donde hay masas ávidas de algo, allí están
los que suplen sus necesidades.
Problemas
como el poder de la mente y la manera de controlarla, cobran fuerza
como fenómenos atractivos, en determinadas épocas, y a
estos se suman elementos como la espiritualidad, trascendencia, vida
después de la muerte... Aspectos todos que tienen un efecto especial,
porque establecen para todos la posibilidad de “comprobar”
cómo la esperanza de no morir tiene fundamento.
Tenemos
por tanto circunstancias particulares:
* El pasado
fin de siglo y de milenio, con el correlativo fenómeno de las
prédicas apocalípticas;
* Un consumismo
creciente y acosador, que no ha logrado brindar felicidad, y hace del
placer por el placer su meta, para efímeras sensaciones de felicidad,
con discutibles efectos positivos en el hombre;
* El fracaso
del ateísmo como doctrina, representado entre otras situaciones,
por el concerniente fracaso del comunismo, así como el reconocimiento
por parte de grandes científicos de lo relativo de sus conocimientos
y su convicción de la existencia de Dios;
* El fortalecimiento
mundial de la libertad de expresión y consciencia, permitiendo
que diversas sectas desempolven sus viejas tesis y de manera particular
su acción frontal contra el cristianismo, al cual consideran
ahora más vulnerable, por el hecho de no gozar de la protección
estatal cerrada que tuvo en otras épocas;
* La Relativización
de los valores humanos, que da lugar a los más absurdos planteamientos
acerca del hombre, sin que haya un sentido crítico que permita
reaccionar, pues se elimina el referente interno que potencializa la
acción, propio de los valores humanos auténticos;
* El avance
en posiciones de poder de fuerzas regresivas y decadentes de diverso
corte, para quienes el movimiento de la Nueva Era ha resultado ser una
valiosa herramienta;
* Las técnicas
publicitarias y la posibilidad de manipular vastos sectores de las masas,
especialmente la juventud, mediante los mensajes subliminales...
Los hechos
anteriores han dado lugar al surgimiento de diversos líderes
espirituales, los "mesías" de la Nueva Era, que reúnen
y agitan en sus bolsas diversas teorías, agregándoles
los ingredientes relativos a la condición humana actual como
son las necesidades de:
Þ
Afecto, amistad, consuelo y en especial de amor;
Þ Identidad;
Þ Sentirse útiles y aceptados;
Þ Respuesta ante los interrogantes trascendentales;
Þ Llegar a sentir que tienen poder;
Los nuevos
“maestros” y gurúes reclaman ahora su momento y los
grandes comerciantes del mundo han visto en los sentimientos de las
personas, el gran negocio, salido, como la paloma de los magos, de la
bolsa de las revolturas comentada arriba.
¿Cómo
fortalecer la espiritualidad sin que sea desvirtuada?
¿Qué
hacer para que no se juegue con los sentimientos de las personas y no
se corra el riesgo del desengaño cayendo en la desmotivación
por ensayar nuevos caminos?
El sentido
de trascendencia del hombre implica construir diariamente su vida, estableciendo
los factores que le permiten crecer. La espiritualidad tiene numerosos
caminos, y no todos son los conducen hacia ser mejores.
Con cuánta
razón se encuentran éstas afirmaciones en el Evangelio
de Jesús:
“….No se fíen de cualquier inspiración. Examinen
los espíritus para ver si vienen de Dios, porque muchos falsos
profetas andan por el mundo.
El que reconoce que Cristo Jesús se hizo hombre, que habla de
parte de Dios, en eso reconocerán al que Dios inspira. En cambio,
si un inspirado no reconoce a Jesús, ese no habla de parte de
Dios sino que habla como el anticristo…..”
1 Juan 4, 1ss