Hoy propongo a los lectores, mas que la lectura de este artículo, su disposición para
hacer un alto en el camino y permitir que los interrogantes penetren mas
allá del simple raciocinio: Para ello partiré de la pregunta: ¿Es usted
feliz?...
Cuando se habla de FELICIDAD no se está
diciendo si vive “animado”, “contento”,
“conforme”… aunque estos puedan ser componentes que
integren la respuesta.
En la actualidad la VELOCIDAD PARA VIVIR se ha convertido en un nuevo factor de olvido
de la condición humana de muchas personas: Se tiene AFÁN DE VIVIR, de TENER y de HACER, y en ese proceso puede olvidarse la importancia de tomarnos
el tiempo necesario para SER.
Sólo que la Velocidad que se le ha impreso a la vida
actual brinda amplias utilidades a la sociedad de consumo
y serias dificultades a quienes en ella nos vemos envueltos.
El AFÁN
DE VIVIR lleva a preocuparse más por el futuro que no
ha llegado, que por el presente que es la única realidad existente.
Cuando se tiene mucho afán de vivir se corre
el riesgo de olvidar el para qué se vive, de caer en un activismo
que entretiene para evadir las razones fundamentales de la
existencia La gran contradicción del "afán
por vivir" es dejar pasar desapercibido el presente que
es la verdadera realidad.
El afán
de TENER implica colocar en un lugar mayor la atención
a las exigencias de la sociedad de consumo, donde el deseo
del dinero y fama, establecen metas efímeras que al lograrlas,
se alejan bajo nuevas formas y exigencias: Se trabaja incansablemente
por un nuevo automóvil o por un celular (no importa que tan
grande o pequeña sea la meta) y cuando se obtiene se nos informa
que ya está listo el siguiente modelo, y por tanto corremos
el riesgo de quedarnos atrás.
Parece una burla constante a nuestras aspiraciones
que frustra y tiende a convertirse en una adicción por lo
nuevo, no importa si es tan útil como se dice, o tan moderno
como se sustenta. Nos encontramos en una sociedad de lo bien
presentado y nunca terminado, donde los modelos de aparatos
electrónicos no se consolidan sino que se remplazan continuamente,
y las metas son trazadas por las grandes empresas que tras
sus ofrecimientos obtienen utilidades nunca vistas.
La gran contradicción del
"afán de tener" es que cada vez que se obtiene
lo anhelado se deja en nosotros la idea de que "ya no
es suficiente".
El afán
de HACER es una pugna personal por sobresalir, porque
se disfruta sintiendo que se es objeto de las miradas de los
demás. Por lo anterior el AFÁN DE SER está ligado al AFÁN
DE MOSTRAR y de DE-MOSTRARSE. Caben aquí las modas, las cirugías
plásticas, las transformaciones de forma.
Es claro que VIVIR
implica HACER Y TENER, pero fundamentalmente
VIVIR debe implicar el SER. Para SER es necesario
darle SENTIDO A LA VIDA y el sentido de vida conduce de manera
automática a la felicidad. En el SENTIDO DE VIDA está
implícita nuestra vocasión ontológica
que estable nuestra posibilidad de trascendencia.
Es necesario entender que la REALIZACIÓN
personal está en juego. Pero la realización personal es
un proceso en el cuál se hace necesario que tomemos las riendas
de nuestra vida. La carrera consumista es la expresión
de que otros han tomado las riendas de nuestra vida, y el
consumo no es solo la compra compulsiva de esto o aquello
sino la adopción de concepciones que otros formulan para defender
sus intereses.
El punto focal para llevarnos al consumismo
desmedido no es primero hacernos gastar el dinero en esto
o aquello, sino fundamentalmente hacer que nuestras concepciones
cambien, que nuestros valores se relativicen, que nuestro concepto de vida se transformen.
La sociedad de consumo exige que
la visión del amor cambie, se haga manejable, permita hacerle
su propio empaque y distribuirla masivamente produciendo dividendos. Por eso se habla del AMOR
como “química”, de “duración limitada y
corta”, medible por la que recibe como un intercambio de objetos
al estilo Walter Risso, es el amor
mercancía que destaca lo “aburrido que puede ser lo
duradero” porque lo estable es presentado como "tedioso".
La sociedad de consumo exige OTRA
VISIÓN DE LA VIDA, donde ésta pueda ser MANIPULABLE. Toman
fuerza los criterios que permiten disponer de la vida: La
eutanasia, el aborto,
el desprecio a la vejez. Y
dado que la sociedad de consumo requiere del cambio de nuestra
concepción de vida, exalta permanentemente GURÚS que “enseñan
a vivir” desde sus best sellers con jugosas ganancias al estilo Chopra, sin que percibamos las serias contradicciones
y errores de fondo inherentes a ellos.
La carrera en la cual nos vemos
envueltos todos, requiere de la pérdida de control
de nuestra voluntad de ser, para sumirnos en
la necesidad por la necesidad. ¿Cuál es el obstáculo principal?
Tener criterios propios que revindiquen nuestro deseo de darle
sentido a lo que hacemos.
Muchas personas me consultan indicando la
sintomatología del consumismo, que les lleva al desasosiego y la pérdida de
perspectiva. En lo más profundo de su situación está la orientación de vida
que mantienen que es básicamente la manera como se
ven ellos, a los demás, al mundo y al futuro.
He visto surgir a un gran número
de estas personas, a partir de una revisión profunda de su
visión de la vida y una disposición a cambiar, a transformarse,
a mirarse con otros ojos a sí mismos y a los demás. Por su
intención de SER, por su VOLUNTAD DE SER Y VIVIR.
Es en estas condiciones donde la felicidad aparece como un
efecto natural y se expresa en armonía, pero fundamentalmente
en la sabiduría de quien mira la vida para aprender de ella.
Ese es el reto que debemos transmitir a nuestros jóvenes,
que fortalece en los la capacidad de asombro y la valoración
agradecida de la existencia.